jueves, 29 de octubre de 2015

#LiliaCarrillo



Lilia Carrillo nace en la ciudad de México en 1930. Su obra como la de otros artistas de su generación, revoluciona el lenguaje pictórico en México, lo saca del encierro en el discurso estereotipado de “lo mexicano” producido por los autores del muralismo y protagonistas de la llamada “Escuela mexicana de pintura”, durante la primera mitad del siglo XX. Fue alumna de Manuel Rodríguez Lozano. Más tarde asiste a la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado "La Esmeralda", donde estudia con Agustín Lazo, Carlos Orozco Romero, Antonio Ruiz y Pablo O'Higgins, obtiendo su título de maestra en artes plásticas en 1951.

En 1953 viaja becada a París y estudia en la Academia de la GrandeChaumiere, exhibiendo en la Maison du Mexique y en la Exposición de Artistas Extranjeros en Francia (1954), regresando en 1955 a su país. Durante su estancia en Francia, al igual que muchos de los pintores mexicanos, recibió la influencia de las vanguardias internacionales como el cubismo, el surrealismo, el expresionismo abstracta y el informalismo abstracto.

En 1960 contrae matrimonio con el también pintor y escultor Manuel Felguérez. Su obra se expone en Washington, Nueva York, Tokio, Lima, São Paulo, Madrid, Barcelona, Bogotá y Cuba. En 1966, durante su participación en la muestra Confrontación 66 en el Palacio de Bellas Artes, se suscita un enfrentamiento entre las nuevas tendencias y los últimos representantes de la escuela mexicana de pintura. Este suceso da lugar al nacimiento del grupo conocido como Generación de Ruptura, donde se le reconoce como iniciadora del informalismo abstracto.

Desgraciadamente, un aneurisma en la médula espinal en 1969, la aparta de la pintura hasta su muerte el 6 de junio de 1974.

#PietMondrain

#expresionismo

El siglo XX llegó acompañado de un gran número de inventos en el ámbito técnico e industrial así como de nuevos conocimientos decisivos en las ciencias humanísticas y naturales. La teoría de la relatividad de Einstein, el psicoanálisis de Freud, el descubrimiento de los rayos x o bien la primera fisión nuclear, obligaron al hombre a pensar de una forma diferente, más abstracta. Los nuevos conocimientos pusieron de manifiesto que detrás de la realidad se esconde mucho más de lo que puede percibirse mediante el sentido de la vista (una clara ruptura con los preceptos impresionistas)
Esta situación se acentuó a causa de los cambios que se produjeron en la propia percepción de los sentidos, puesto que la invención del automóvil, del telégrafo, del avión y de muchas otras cosas, dieron a la rapidez y al tiempo una nueva dimensión que requería de percepciones mucho más aceleradas.
Sin embargo, todos estos cambios no fueron aceptados con tanta euforia por la joven generación de artistas como en su día lo hicieron los impresionistas. La cara oculta de la modernización (alienación, aislamiento y masificación) quedó al alcance de la vista, sobre todo en las metrópolis. Los artistas, en su función de apasionados reformadores del mundo que deseaban derrocar el orden establecido, buscaban "un arte nuevo para un mundo nuevo". Cuadros cargados de emoción debían captar los sentimientos más íntimos del ser humano...
 

Leonora Carrington


El universo pictórico de Leonora Carrington está marcado por una constelación de seres fantásticos que la acompañaron a lo largo de sus noventa y cuatro años de vida. Seres que habitaron su imaginario desde la niñez, cuando su nanny y su madre irlandesa le contaban historias fabulosas en las que los mitos y leyendas populares celtas, los relatos de fantasmas y los cuentos de hadas que fueran tan populares en la era victoriana, se entreveraron en su inconsciente para tejer con los invisibles hilos de la memoria una sensibilidad fuera de lo común. Nacida en Lancashire, Inglaterra, en 1917, Leonora desde muy temprano destacó entre sus tres hermanos por manifestar una rebeldía precoz ante la autoridad recalcitrante de su padre, el magnate de la industria textilera inglesa, Harold Carrington, quien nunca logró entender que el poderoso mundo interno de su hija no tenía nada que ver con el apretado y rancio entorno aristocrático al que la familia se aferraba.
El Templo de la Palabra, 1954


Brujas juegan al cubilete. Oleo sobre lienzo, 91,5 X 70,5 cm



Abundan en sus cuadros los sidhe, misteriosos personajes que según la mitología celta habitan las colinas de las hadas donde un día se levantaron las construcciones megalíticas. Son muchas las pinturas inspiradas en esas leyendas feéricas irlandesas, como Sidhe: The White people of Tuatha dé Dannan (Sidhe: La gente blanca de Tuatha dé Danann) una extrañísima escena en la que la artista logra plasmar con maestría la naturaleza etérea y fantasmal de estos personajes blancos –diríase transparentes– reunidos en torno a una mesa con comida, en una atmósfera sombría e inaprensible como la de los sueños más inquietantes.
 

#RemediosVaro

Inicio del ArteContemporaneo

Marcel Duchamp

(Blainville, Francia, 1887 - Neuilly, id., 1968) Artista francés nacionalizado estadounidense. El más joven de seis hermanos, cuatro de los cuales seguirían así mismo la carrera artística (de ellos fueron especialmente notorios los dos mayores, Jacques y Raymond), recaló en París a la edad de diecisiete años. En su faceta como pintor, que hubo de simultanear con el trabajo de caricaturista, pasó rápidamente por todas las tendencias artísticas en boga -impresionismo, postimpresionismo, fauvismo, cubismo- sin comprometerse con ninguna; este afán experimentador e inquieto iba a ser una de las constantes de su fecunda trayectoria. 

 

En 1917 se reencontró en Nueva York con su amigo Francis Picabia, al que secundó en su tarea de dar a conocer el movimiento dadá en Estados Unidos, para lo cual participó en la creación de revistas adscritas al movimiento como 291 o El ciego. Durante buena parte de las décadas de 1920 y 1930 abandonó la práctica artística por la semiprofesional del ajedrez, juego del que llegó a ser un moderado experto.
 
Desde 1934 estableció fuertes lazos con el movimiento surrealista, especialmente con Breton, que en 1935 publicó el primer estudio concienzudo de su obra. Poco a poco, Duchamp fue recluyéndose en el anonimato con la única compañía de su esposa, Teeny Sattler, con quien había contraído matrimonio en 1954.